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Pasear al perro con lluvia sin que sea un problema: guía antiaguacero

En este país llueve cuando quiere, y el perro necesita salir igual. Cómo armar el paseo de días de lluvia: equipo que seca rápido, seguridad con poca luz y el ritual del secado.

Equipo Lissypet3 min de lectura

Perro criollo con impermeable y arnés saltando un charco en una calle de Bogotá bajo la lluvia

En Colombia la lluvia no es una estación, es una costumbre: el aguacero de las cuatro en Bogotá, el palo de agua de media tarde en Medellín, el diluvio que en la costa dura veinte minutos y deja el barrio nadando. Y mientras tanto tu perro en la puerta, con la correa en la boca, recordándote que su vejiga no revisa el radar. Salgamos, pues, pero salgamos bien.

Primero, lo obvio que no se dice: sí hay que salir

Saltarse los paseos “hasta que escampe” funciona un día. Al segundo tienes un perro con energía embotellada haciendo demoliciones en la sala, y aguantando las ganas de hacer sus cosas, que de paso es malo para sus riñones. La meta no es esperar el sol: es que la lluvia deje de ser un problema logístico. Es equipo y rutina, nada más.

El equipo del día gris

Impermeable, para los que aplica. Perros de pelo corto y poca grasa —pinscher, chihuahua, frenchie— y perros mayores agradecen el abrigo impermeable: se enfrían rápido y tiritando no pasea nadie. Los nórdicos y de doble manto, en cambio, traen la chaqueta puesta de fábrica; a un husky el impermeable le sobra salvo diluvio. Busca uno sin cremalleras ni velcros complicados —que ponerlo tome cinco segundos— y que no le tape la zona de hacer sus necesidades, que para eso salimos.

Arnés que seque rápido. El día de lluvia es el examen del material: el poliéster con malla escurre y amanece seco, el forro grueso amanece húmedo y oliendo a trapo. Ya te contamos cómo elegir materiales para este clima y, más en general, cuál arnés elegir; el día del aguacero es cuando esas decisiones pagan.

Reflectivos, hoy más que nunca. Lluvia significa cielo oscuro, conductores con los vidrios empañados y afán. Un perro oscuro cruzando en esas condiciones es casi invisible. El reflectivo del arnés y algo claro o brillante en ti también, que el conductor los vea a los dos.

Durante el paseo

  • Recorta y repite: mejor dos paseos de 15 minutos que uno de 40 empapados.
  • Esquiva los charcos gordos, no por elegancia: esconden huecos, vidrios y, en zonas con roedores, bichos como la leptospira que mejor no probar. Charco limpio de lluvia fresca, pase; laguna de tres días, ni de fundas.
  • Ojo con las tormentas eléctricas. Si truena feo, el paseo se aplaza sin culpa, sobre todo con perros sensibles al ruido. Diez minutos de espera le ganan a un perro en pánico en plena calle.

El ritual de la llegada (donde se gana o se pierde todo)

  1. Toalla en la puerta, no después del recorrido por toda la casa. Empieza por patas y barriga, que es donde se concentra el barrio entero.
  2. Entre los deditos, juicioso: la humedad atrapada entre almohadillas es la receta de hongos y de ese lamido eterno de patas.
  3. Orejas por dentro, con la punta de la toalla: en orejas caídas —cocker, beagle, labrador— la humedad estancada termina en otitis con olor a queso.
  4. El arnés se cuelga abierto a la sombra, nunca se guarda húmedo. La rutina completa de secado está acá.
  5. ¿Olor a perro mojado? Es normal y se va al secarse. Si se queda a vivir, hay humedad escondida en pelo o arnés: revisa.

El secreto final

Los perros no odian la lluvia; odian el drama que hacemos nosotros. Si el paseo mojado termina en juego de toalla y algo rico, tu perro aprende que los días grises también tienen final feliz. Equipo que seca rápido, reflectivo puesto, toalla en la puerta: ya está. Que llueva, pues, para eso tenemos con qué.

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